El hecho de crear
y “conducir” un curso en modalidad virtual, no solo requiere de un ajuste en
los contenidos, la evaluación, o los roles de los participantes y el tutor o
tutores, también demanda un pensamiento flexible por parte de las personas
(estudiantes y tutores) que comparten esta modalidad de experiencia educativa.
La experiencia en
la educación presencial, ciertamente, es importante, sin embargo no es
suficiente para la virtual. Debido a que es en esta última donde se requiere de
un cambio de paradigmas y de concepciones con respecto al proceso educativo,
acompañado del conocimiento técnico de cómo conducir la virtualidad. Por tal
motivo, el docente es quien juega un papel indispensable, dado que como ya se
trabajó anteriormente, el tutor que orienta el proceso de enseñanza en línea,
además de ser un especialista en su ámbito profesional, debe estar consciente
del proceso que va a efectuar, y por su parte, contar con una
formación en técnicas didácticas virtuales y el uso adecuado de herramientas
que hagan posible el proceso de enseñanza- aprendizaje en línea.
Por otro lado, es
importante comprender que existen contenidos que son más susceptibles de ser
aplicados en un entorno virtual que otros; y para esto es necesario la
constante búsqueda e investigación, no solo de las técnicas sino de las
actitudes para abordarlos, ya que de lo contrario, esta se volvería una tarea
compleja y tediosa. La virtualidad puede convertirse en una experiencia
educativa altamente productiva y gratificante, tanto para el estudiante como
para el docente, si se realiza de una manera adecuada, si se asume una posición
pro activa y muy receptiva, si se comprende que el profesor no es más que otro
elemento de ese engranaje virtual y no su actor principal, ya que su participación
desde el principio debe advertir al alumnado que son ellos los encargados de
desarrollar su proceso, y que el rol que él juega es el de orientador, tutor,
observador y de apoyo.
En el caso de
docentes a nivel universitario, son estos los que mayormente son motivados a
experimentar estás modalidades tanto a la educación formal superior, como en la
educación continua. Con esta experimentación se practica la capacidad de
innovación, superación y constante adaptación a las demandas del entorno educativo
desprendidas del mundo globalizado en el que actualmente vivimos.

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