sábado, 23 de febrero de 2019

Reflexiones finales:




El hecho de crear y “conducir” un curso en modalidad virtual, no solo requiere de un ajuste en los contenidos, la evaluación, o los roles de los participantes y el tutor o tutores, también demanda un pensamiento flexible por parte de las personas (estudiantes y tutores) que comparten esta modalidad de experiencia educativa.

La experiencia en la educación presencial, ciertamente, es importante, sin embargo no es suficiente para la virtual. Debido a que es en esta última donde se requiere de un cambio de paradigmas y de concepciones con respecto al proceso educativo, acompañado del conocimiento técnico de cómo conducir la virtualidad. Por tal motivo, el docente es quien juega un papel indispensable, dado que como ya se trabajó anteriormente, el tutor que orienta el proceso de enseñanza en línea, además de ser un especialista en su ámbito profesional, debe estar consciente del proceso que va a efectuar, y por su parte,  contar con una formación en técnicas didácticas virtuales y el uso adecuado de herramientas que hagan posible el proceso de enseñanza- aprendizaje en línea.

Por otro lado, es importante comprender que existen contenidos que son más susceptibles de ser aplicados en un entorno virtual que otros; y para esto es necesario la constante búsqueda e investigación, no solo de las técnicas sino de las actitudes para abordarlos, ya que de lo contrario, esta se volvería una tarea compleja y tediosa. La virtualidad puede convertirse en una experiencia educativa altamente productiva y gratificante, tanto para el estudiante como para el docente, si se realiza de una manera adecuada, si se asume una posición pro activa y muy receptiva, si se comprende que el profesor no es más que otro elemento de ese engranaje virtual y no su actor principal, ya que su participación desde el principio debe advertir al alumnado que son ellos los encargados de desarrollar su proceso, y que el rol que él juega es el de orientador, tutor, observador y de apoyo.

En el caso de docentes a nivel universitario, son estos los que mayormente son motivados a experimentar estás modalidades tanto a la educación formal superior, como en la educación continua. Con esta experimentación se practica la capacidad de innovación, superación y constante adaptación a las demandas del entorno educativo desprendidas del mundo globalizado en el que actualmente vivimos.


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